
La reposición del gimnasio municipal de Coihueco implicó una inversión de $2.900 millones, de los cuales $2.500 millones fueron aportados por el Gobierno Regional y $400 millones por la Municipalidad.
La cifra importa, pero no explica por sí sola la magnitud del hito. Coihueco, la comuna más extensa de Ñuble y con una población cercana a los 30 mil habitantes, no contaba con un gimnasio deportivo comunal desde que el antiguo recinto fue demolido producto de los daños irreparables ocasionados por el terremoto de 2010.
El alcalde Wilson Palma interpretó la inauguración como una respuesta largamente esperada para una comuna cuya actividad deportiva creció más rápido que su infraestructura. El recinto, además, eleva el estándar material disponible para la comuna: piso engomado, aros de básquet retráctiles, sala de primeros auxilios, equipamiento moderno y un aforo cercano a 500 personas. Pero tal vez uno de los datos más expresivos sea la participación de cerca de 700 adultos mayores en programas deportivos.
Desde el Congreso, el diputado Carlos Chandía subrayó el carácter excepcional del recinto dentro del contexto regional: “No hay nada igual en Ñuble. No existe en la región un espacio que cuente con un estadio de pasto sintético y un gimnasio de primer nivel al lado. Por eso tengo una gran alegría al ver que se inaugura esta obra que planeamos para toda la comunidad de Coihueco. Una obra hecha para toda la gente y espero que la disfruten”.
Por su parte, el concejal Russel Cabrera recordó que durante más de un año la obra permaneció terminada pero sin uso, una inversión pública visible, costosa y paralizada por trabas administrativas. Su apertura, en ese sentido, no solo inaugura un recinto; clausura una incertidumbre. Es la señal de que lo pendiente puede destrabarse cuando existe voluntad de coordinar al municipio, al Gobierno Regional y a los actores institucionales involucrados.
La inauguración del gimnasio municipal de Coihueco demuestra que el deporte va mucho más allá del ejercicio físico. Cuando se planifica y gestiona correctamente, puede convertirse en una herramienta de cohesión social, prevención, inclusión y construcción de tejido comunitario. Permite democratizar el acceso a disciplinas que muchas familias no podrían costear en espacios privados; aleja a los jóvenes de conductas de riesgo; fomenta estilos de vida activos en todas las edades; y ofrece un punto de encuentro seguro para vecinos, escuelas, clubes y organizaciones.