Triple Homicidio en Cañete: La Desgarradora Historia de Cómo Planearon el Ataque a Carabineros
Conversaciones telefónicas y declaraciones de testigos reconstruyeron cómo, según la indagatoria, los hermanos Antihuen planificaron y ejecutaron la emboscada que terminó con tres carabineros asesinados.
De acuerdo a un reportaje de BioBioChile, el tío de los implicados se transformó en pieza clave para la investigación. Las mismas evidencias dieron cuenta de la peligrosidad de los imputados, quienes en más de una ocasión aseguraron abiertamente que eran capaces de matar.
Llamadas telefónicas, testimonios de testigos y pruebas recogidas en el sitio del suceso formaron parte del cúmulo de evidencias reunidas en contra de los hermanos Antihuen Santi, sindicados como los autores de la emboscada que terminó en la ejecución de tres policías en la víspera de la celebración del Día del Carabinero.
Felipe (29) y Yeferson (19) cayeron detenidos este lunes junto a su amigo Nicolás Rivas Paillao. Tomás (22), uno de los líderes de la operación, sigue prófugo de la justicia.
De acuerdo a información recopilada, a Rivas se le acusó de haber provisto de armas a los Antihuen para planificar el atentado que terminó con la ejecución de los uniformados Carlos Cisterna, Sergio Arévalo y Misael Vidal. Todo ello, mientras fiscalizaban el cumplimiento de la medida cautelar de un tío de los implicados, quien se transformó en pieza clave de la investigación en contra de los imputados.
Fue justamente él quien atestiguó que sus sobrinos, especialmente Tomás, preguntaron insistentemente por los horarios en que debía ser controlado por Carabineros. Incluso, lo invitaron a participar del ataque. “Fondéate mierda”, dice que escuchó al momento de la emboscada, mientras se disponía a atender a los uniformados.
Según información a la que se accedió, el tío de los Antihuen declaró en los días inmediatamente posteriores al ataque. Su testimonio permitió rápidamente descartar otras líneas investigativas y puso en el foco a quienes hoy están en el banquillo de los acusados.
El ataque fue planificado durante al menos tres meses. En su alocución, el testigo reveló que sus sobrinos Tomás y Felipe se acercaron asiduamente a él entre enero y febrero de este año.
Le manifestaron directamente que “querían hacer algo” cuando Carabineros fuera a sacarle la firma. Ellos sabían que era fiscalizado por una patrulla regularmente, debido a que está sujeto a medidas cautelares en una causa derivada por infracción a la ley de armas y a la ley de drogas.
Quien le preguntaba por los detalles era Tomás: horarios, número de policías, etcétera. Llegaba siempre acompañado de sujetos oriundos de Huentelolén, en las cercanías de Cañete.
Cuatro semanas antes del atentado, se dejó caer en la casa de su tío. Venía desde la playa. Le dijo que quería conversar. En la cita, le reiteró que “le hicieran algo a Carabineros”. El testigo pensó que Tomás pretendía “darle un par de tiros” a la patrulla”, así que se negó.
A los pocos minutos vio cómo la camioneta retrocede y sale en dirección al norte. A la mañana siguiente afirmó que recibió un mensaje de Felipe. Le envió un emoticón, acompañado de un “¿estás bien?”.
Con los principales sospechosos en la mira y ya identificados, los investigadores dieron paso a la intervención de sus comunicaciones. Llamadas telefónicas dan cuenta de la peligrosidad de los imputados, quienes en más de una oportunidad amenazaron a familiares y parejas.
La caída de Nicolás Rivas Paillao también estuvo marcada por declaraciones e intercambios telefónicos. Un testigo reservado contó a los investigadores que vieron a los Antihuen llegar el mismo día del ataque a la casa de Rivas.
En su exposición, el deponente dijo haber visto a Tomás recoger una escopeta en ese domicilio. Como no estaba Nicolás, quien se la entregó fue el padre de este último: Belisario.
Él y su hijo registran llamadas en las que el imputado le solicitaba ocultar el arma posterior al crimen.